La malva (Malva sylvestris) es una planta de uso tradicional muy extendido en el Mediterráneo y también en Argentina, donde se conoce sobre todo por su uso en infusiones. En cosmética está en 8 de los productos que evaluamos, siempre en fórmulas para piel sensible.
Qué hace
Dos cosas, y las dos vienen de lo mismo: la malva es rica en mucílagos, polisacáridos que forman un gel al contacto con el agua.
Calma. Reduce la sensación de irritación y las rojeces leves. Es una de las plantas con mejor perfil en el eje de tolerancia de todo nuestro catálogo.
Hidrata. El mucílago forma una película que retiene humedad en la superficie, con un mecanismo parecido al de un humectante de alto peso molecular.
En nuestro sistema de puntuación el aporte a tolerancia es alto y no mueve oleosidad, manchas ni antiedad. Es un calmante puro.
Para quién
- Piel reactiva, que arde o pica con facilidad
- Piel con rojeces
- Después de sol, de depilación o de una rutina con activos exigentes
- Piel sensibilizada por exceso de exfoliación
Lo que conviene saber
La malva es un ingrediente de confort, no de resultado. Mejora cómo se siente la piel mientras la usás; no cambia su estructura, no aclara manchas ni actúa sobre arrugas.
Eso no la vuelve menos útil: en piel reactiva, bajar la irritación es a menudo lo que permite después tolerar los activos que sí producen cambios. Pero conviene tener claro qué esperar.
Como todo extracto botánico, la actividad real depende de cómo se hizo la extracción y en qué concentración está. El INCI no lo dice. Si aparece al final de la lista junto a los conservantes, el aporte es probablemente marginal.
Con qué se combina
Nivel de evidencia
Bajo. Hay literatura sobre la actividad antiinflamatoria de Malva sylvestris, en general in vitro o en modelos animales. Estudios clínicos con extractos cosméticos hay muy pocos. El uso tradicional es largo, y eso dice algo sobre seguridad, poco sobre eficacia medida.